Todo sale al revés de como imaginabas que sería, como cuando personas que no esperabas que lo hicieran te sorprenden gratamente y viceversa.
Mi pregunta personal de hoy es: ¿Puede un Educador Social no creer en la posibilidad de un cambio social? ¿Tendría sentido?....
¿Puede incluso existir la figura del Educador Social si la sociedad cree que un cambio no es necesario?
Hoy hemos debatido en clase algo relacionado con esto... Un grupo propusimos hacer un mercadillo de trueque en la ciudad, básicamente con el objetivo de concienciar y mostrar que existen otros modos de adquirir recursos o artículos que necesitamos sin necesidad de ser mediante dinero. Me explico, no pretendemos cambiar el mundo y el sistema financiero de forma global (como se nos ha reprochado), pues hay instancias superiores que harían lo que fuera para que no fuera posible, desde luego, sino despertar en las personas una conciencia crítica frente al conformismo actual y a los valores reinantes en la sociedad.
Igual es una meta demasiado ambiciosa, pero conseguimos que solamente una persona se interese por la idea, lo habremos conseguido.
Alguna persona incluso llegó a decir que abandonar el sistema capitalista sería un retraso en la evolución de la humanidad, un retraso en el progreso... obviamente muchas personas se giraron estupefactas y otras sacamos las uñas, pero volviendo a la cuestión de la que hablo, el problema creo que radica en la concepción que la sociedad de la palabra "progreso". El sistema económico, desde mi punto de vista el verdadero dueño del mundo, y no la clase política, nos ha enseñado a valorar más el fin que los medios. Ha prevalecido el ¿esto funciona? ante el ¿esto es bueno?
En los tiempos que vivimos y con la famosa crisis que achaca al "estado de bienestar" que nos han querido vender,(que no es otro que el de tener más de lo que nos podemos costear, con su consecuente deuda) el acceso a los recursos básicos, como la ropa o la alimentación se están convirtiendo casi en lujos, de lo que nos debemos concienciar es de que es imposible salir de la crisis con los viejos modelos que nos condujeron a ella.
"El cambio global es un fenómeno planetario,
pero no sería malo reconocer que la crisis
arde también en el comedor de nuestra casa.
En los grandes y pequeños gestos de los
habitantes de la Tierra se esconde la potencialidad
de la resistencia, la capacidad para
negarse a ser cómplices de algunos modos
de hacer y de pensar que conducen a la destrucción.
Tanto el pensamiento ecológico
como el pacifista, los movimientos interculturales,
las reivindicaciones para acabar con la
feminización de la pobreza…, todos ellos y
muchos más movimientos, nos enseñan que
una resistencia personal y colectiva es posible,
que el actual modelo exige disentimiento
si no queremos perpetuarlo.
La tarea no es sencilla, pero sabemos que, en
los sistemas complejos, pequeñas variaciones
en las condiciones iniciales del sistema
pueden amplificarse y conducir a estados
finales muy distintos. Este “efecto mariposa”
de la imaginación es un acicate para la acción
ciudadana. Los cambios tienen que afectar a
la gestión política, socioeconómica y ambiental,
indudablemente, y hemos de exigir a
nuestros dirigentes que los aborden con decisión.
Pero nosotros, las personas y los grupos
sociales, disponemos también de una enorme
fuerza para cambiar, para ir modelando
formas de vida más humanas, más amables
con la naturaleza, basadas en otra concepción
de las necesidades y del bienestar, abiertas a
una mejor distribución de la riqueza.
Por esta vía, cuando abordamos decididamente
estos cambios, descubrimos que lo
personal es político. Ello nos hace conscientes
de una verdad esencial: a cambiar se
aprende cambiando.
No se cambia la vida sin cambiar la propia vida." (María Novo)






